El circo romano de la formula 1
Hace un año escribí mi primer post llamado “este circo sí es un espectáculo” sobre la emocionante temporada 2008 de formula 1. Un año después el panorama ha cambiado mucho. Después de 2 años de igualdad y de ver como se resuelve el campeonato en la última carrera, podemos decir que el aburrimiento ha vuelto a las pistas. Además los escándalos protagonizados por los mandamases de la formula 1 han contribuido a la pérdida de interés por un deporte que siempre me ha apasionado.
Desde el punto de vista deportivo, poco que comentar. Brawn gp después de arrasar las primeras 7 carreras (Button ganó 6 de ellas) gracias al famoso difusor, ha vivido de rentas. Ferrari sigue perdido. McLaren solo ha dado zarpazos. Alonso siempre va a remolque. Vettel y Red Bull aún están verdes para creerse que pueden ganar un campeonato. El Kers ha sido un fiasco. BMW de ser aspirante ha pasado a los últimos puestos y se retira. Toyota ha acabado penosamente y también se retira. La crisis ha llegado a la formula1.
Pero lo más grave y sorprendente del año para mi ha sido descubrir en que manos está el circo este. Max Mosley y Bernie Ecclestone, dos siniestros personajes asquerosamente ricos y con un dudoso currículum:
El primero de ellos (hasta hace poco presidente de la FIA), hijo de fascistas británicos (Oswald Mosley fundador del Unión británica de fascistas y Diana Miltford conocida por su íntima amistad con Adolf Hilter, hasta el punto de ser el invitado principal en su boda secreta en Alemania celebrada en casa de Goebbels) y famoso últimamente por protagonizar orgías sado-masoquistas con prostitutas disfrazado …adivinad…si!, de nazi!.
El amigo Ecclestone no se queda atrás, se ha lucido recientemente en el Times elogiando públicamente a Adolf Hitler, al régimen de Sadam Hussein, a los talibanes, y criticando a los sistemas democráticos y de paso a los judíos.
Con dos personajes así no me sorprende que la formula 1 sea un nido de víboras, de negocios sucios, con escándalos cada dos por tres y escenario de vendettas personales (la expulsión de Briatore sin ir más lejos).
Un apunte más. El circuito urbano de valencia es posiblemente el más aburrido del mundial. En dos años no se ha visto ni un adelantamiento. Tendrá mucho glamour de la copa América (cada vez menos entre demanda y contrademanda entre el Alinghi y Oracle) pero poco espectáculo. ¿Nadie ha pensado que sería conveniente cambiarlo de fechas, por ejemplo septiembre u octubre, meses previsiblemente lluviosos para que animen un poco las carreras? Ah, pues mira, alguien lo ha pensado, para el año que viene la pasan al mes de junio, mes igual de caluroso y seco que agosto, pero con una gran diferencia: la gente aún o está de vacaciones, y a lo mejor venden más entradas. Claro, la pasta siempre es lo primero.
En resumen un año decepcionante, en el que tengo que dar la razón a los que dicen que se trata de un deporte aburrido. Menudo tostón.
Frases que odiamos los informáticos
En la comunidad de informáticos hay un correo que nos llega reenviado recurrentemente desde que tenemos uso de razón con el nombre “frases que odias”. Es un listado de frases típicas que te dedican los jefes. Yo siempre lo leo, porque me hace gracia y porque es real como la vida la misma. Cualquier otro pensara que es una tontería pero yo no puedo evitar partirme de risa al ver el reflejo de mis experiencias. Como tengo que llenar este blog de posts de alguna manera, he pensado lanzar a ciberespacio una versión personal y basada en hechos reales de mis “frases odiosas favoritas”.
Las he repartido en 3 fases en sintonía con el cambiante humor de los jefes.
FASE 1: optimista-oficialista
Contexto: el jefe está contento y dichoso. Te trata como un colega, quiere ser tu amigo. Normalmente como respuesta a un jugoso contrato recién firmado o como principal oficiante de un discurso de navidad. La vida es bella.
“somos los mejores”
Frase que rebosa optimismo que se pronuncia siempre antes de empezar un proyecto en un ambiente distendido inflado de éxito (cuando se acaba de firmar un contrato millonario). El jefe está borracho de gloria, y su mente solo piensa en lo bueno que es. El proyecto aún no ha empezado, y no se ha parado a pensar en si es viable o no con los recursos que tiene.
“los trabajadores son el principal activo de esta empresa”
Frase estrella de los discursos de navidad. Desgastada de tanto usarla, aunque sin ninguna aplicación práctica.
“nuestro objetivo es la excelencia”
Frase espectacular y nada modesta pronunciada por el jefe cuando sube a un estrado con cámaras y micrófonos. Especialmente cuando recibe algún premio de alguna universidad por la gran gestión empresarial. Aplicable a otros ámbitos (frase marca de la casa de Florentino, el presidente superior del Madrid).
FASE 2: nerviosa-realista
Contexto: la realidad se ha impuesto a la imaginación desbordada del jefe. El proyecto está en marcha y surgen los primeros problemas (los de siempre): nula planificación, pocos recursos, plazos ajustados.
“tiene que estar”
Esta frase cuando es pronunciada cae como una losa. El jefe acaba de dar un portazo en las narices de los programadores. Ya no atiende a razones. No escucha. Solo “tiene que estar”, sea como sea. El mundo se para. Su cuello está en juego.
“hay que apretar el culo”
Se entiende que hay que apretar el de los demás para salvar el propio. Variante escatológica del anterior. Cuando el jefe usa un lenguaje tan vulgar significa que está nervioso y desesperado. Te está pidiendo que hagas horas extra.
“se valorará tu esfuerzo”
Una de las que más odiamos. Los jefes suelen tener una patología médica: amnesia. En momentos de desesperación son capaces de ofrecer su alma por una entrega a tiempo. Pasada la tempestad, cambian de opinión. Es la típica frase cebo en la pican los becarios.
FASE 3: represiva-acusativa
Contexto: El mal ya está hecho, es la hora de repartir las culpas a los rivales más débiles.
“no eres proactivo”
Es un clásico. Te la dedica tu jefe ante una crisis cuando a toro pasado te exige más responsabilidad de la que te otorgó en su día. Es una manera de echarte la culpa de los problemas imprevistos y de acusarte de ser un pésimo adivino y un peor lector de mentes humanas.
“no te sabes planificar”
Una variante de la anterior en la que vuelve a poner en duda tu profesionalidad. Es la respuesta automática de un jefe cuando le dices que no te ha dado tiempo a acabar una tarea en el plazo establecido. Si hay un fin de semana por medio, puede usar la variante “pide las llaves y acábalo el sábado”.
“este es el peor proyecto de la historia”
Es una sentencia. El proyecto ha acabado peor incluso de lo se podía pensar a priori. Su culo puede ir por el aire. El contrato millonario ha volado. Los jefes son auténticos maestros en hacer que la gente se sienta culpable.
Tengo una corazonada
A pocas horas de la elección de la ciudad candidata para albergar los juegos olímpicos de 2016, tengo una corazonada: No se la van a dar a Madrid. No se si será Río o Chicago, tampoco me importa mucho, pero lo de Madrid se ve venir desde hace tiempo. Creo que es un secreto a voces, aunque Gallardón, Espe y Raúl tengan que hacer el papelón de seguir saludando a la cámara con la mano abierta y pronunciando su cursi lema: “tengo una corazonada”.
Este artículo lo tenía en mente desde hace algún tiempo, y quería publicarlo después de las votaciones, pero seguro que alguien me hubiera tachado de ventajista y no sin razón. Así que he decidido arriesgarme. Esta tarde cuando salga del cine (voy a ver Malditos Bastardos de Tarantino, dios me pille confesado), si Madrid es ciudad olímpica tendré que escribir otro post pidiendo perdón y humillándome públicamente.
Dejando a un lado las corazonadas, las posibilidades de Madrid son pocas, se habla de milagro. El derrotismo a duras penas disimulado es significativo. Gallardón respondía con un poco convincente “dará emoción” a la presencia de Obama en Copenhague. Tras el informe de evaluación de las sedes dudosamente favorable a Madrid se afanó en declarar que su ciudad “salía reforzada”. Automatismos políticos de negar la evidencia. Ayer escuché unas declaraciones poco optimistas de Juan Antonio Samaranch (que no es político y algo de votaciones olímpicas sabe) hablando de “cautela” ante la inminente elección. Espe apelaba a la persuasión del rey para convencer a los miembros del COI casi como tabla de salvación.
Personalmente, la candidatura de Madrid me deja indiferente básicamente por 2 motivos: Primero, el recuerdo de Barcelona 92 aún es reciente, y actualmente Madrid, al menos para mi, no puede estar a su altura en carga emotiva e ilusión. Y segundo, no me gustó como apartó de en medio la candidatura de Sevilla en la carrera para los JJOO de 2016 aunque tuviera más opciones reales.
Ser sede de los juegos en un tesoro muy preciado y es una carrera de fondo estratégica, no puedes aspirar a ser el organizador todos los años que quieras, hay que ser paciente, y buscar tu oportunidad aunque tarde muchos años en llegar. Los políticos de Madrid parece que no se han dado cuenta de eso. Me da la sensación de que se emborracharon de triunfo en las votaciones para los juegos de 2016 ya que a pesar de ser derrotados por Londres, salieron mejor parados de lo que esperaban. En vez de aparcar sus aspiraciones como hizo Paris (también derrotada por la capital británica) y como aconsejaba el sentido común, iniciaron una temeraria carrera condenada al fracaso.
No se si Madrid es la mejor candidatura de las 4, como están pregonando, pero solo con eso no se gana cuando la elección está tan igualada. Hay que hacer números, y pensar fríamente. La regla no escrita de la rotación de continentes juega en su contra. Para el 2020 al menos 3 capitales europeas están esperando su oportunidad. Lógicamente no van a votar a Madrid esta tarde. Los votos anglosajones apoyarán a Chicago. Incluso los miembros latinoamericanos, aparentes aliados, van a entregar votos a Río. Madrid lucha contra el mundo.
Una vez se confirme la previsible derrota de Madrid, ¿que harán sus políticos? ¿Retirarse de la carrera olímpica o al menos aparcarla? o por el contrario, ¿seguir adelante mirando al 2020, gastando mucho más dinero en época de crisis, en una elección en la que tiene que competir presumiblemente con potencias como Berlín, Roma o Paris? Aquí no tengo corazonada, porque con nuestros políticos nunca se sabe.
Moby Dick
Moby Dick, la ballena blanca, forma parte de la cultura popular. Todo el mundo conoce a Moby Dick. He hecho la prueba. He preguntado a personas cercanas a mi, sus respuestas lo confirman: “si, la ballena esa”. Tal vez no saben decirte de que la conocen, pero está ahí, en la mente de todos.
Moby Dick nace en un libro de Herman Melville publicado en 1851. Si leemos algunas críticas literarias serias, descubrimos que se trata de “la gran novela norteamericana”, “un paradigma novelístico de lo sublime para los estadounidenses” y “un logro fuera de lo común”.
Ahora tengo el libro en mis manos, es una edición antigua en formato juvenil. Ha estado dando tumbos por mi casa desde hace más de 20 años y aún sigue virgen. Creo que ha llegado su momento. Comienza con una de las frases iniciales más famosas de la historia de la literatura: “Llamadme Ismael” (call me Ishmael)

A primera vista se trata de una novela de aventuras, Ismael y su exótico amigo, el arponero Queequej, acaban enrolándose en el Pequod, una ballenera capitaneada por el misterioso y arisco capitán Ahab. La novela además es un detallado tratado sobre los cetáceos y su caza artesanal (en el s.XIX se capturaban arpón en mano y halando el cabo).
Sin embargo, a medida que se va a acercando el enfrentamiento final con Moby Dick, la aventura deja paso a una tragedia con trascendencia mística y gran fuerza dramática. Ahab se erige como autentico protagonista del relato: un ambiguo héroe-villano que consigue arrastrar a toda su tripulación en su personal misión sagrada contra la ballena blanca, una batalla predestinada al fracaso y que llevará a todos a la perdición. El final es trágico, solo se salva Ismael, paradójicamente agarrado a un ataúd, mientras que el resto de la tripulación fallece amortajada por el mar.
La obra tiene una dimensión profundamente simbólica y religiosa que permite diferentes niveles de compresión e interpretación. Después de leerla, ¿merece la pena?
Yo creo que si. Casi por los mismos motivos que vale la pena leer el Quijote. No son lecturas fáciles. Mientras que en la obra de Cervantes tienes que “soportar” las novelas pastoriles, en Moby Dick tienes que lidiar con la densa jerga marítima, las historias de marineros y la enciclopédica descripción de la caza de ballenas. En ambos casos se trata de novelas escritas hace muchos años y no destacan por una gran la fluidez en la lectura, el Quijote se presenta en un castellano arcaico, y con diálogos (casi monólogos alternados) a veces interminables. Moby Dick aunque tiene un lenguaje más contemporáneo, tiene continuas referencias bíblicas y eruditas.
Sin embargo son historias que quedan grabadas, tal vez porque se trata de historias universales, tal vez por eso son obras maestras, porque el autor logra reflejar lo mas profundo y sincero del alma humana en sus personajes ya sean disfrazados de caballeros andantes o de marineros de un ballenero.
En definitiva, como otras obras clásicas como el mencionado Quijote, Moby Dick es una lectura que hay que coger con ganas y motivación. Si te gusta leer seguro que sabrás disfrutarlo. Y cuando leas la última frase y cierres el libro, seguramente pensarás que ha merecido la pena.
Nota: Existe una versión cinematográfica dirigida por John Houston en 1956 con Gregory Peck protagonizando al capitán Ahab y con un guión escrito por Ray Bradbury. Libro y película difieren en algunos puntos, y es muestra de la ambivalencia de la obra de Melville o dicho de otra forma, del abanico de posibles interpretaciones a la que se presta. La película Bradbury y Houston es su personal versión del clásico.
Bolonia, la vida sigue igual
Recuerdo que en mis primeros años de estudiante en la universidad viví una agitación social provocada por el inminente cambio en los planes de estudios. Los licenciados se transformaban en ingenieros superiores. Los diplomados en ingenieros técnicos. Por lo demás, se introducía el método europeo de los créditos y las asignaturas troncales y de libre elección que por aquella época nos sonaba a chino. Todos estábamos de acuerdo en la necesidad de renovar un plan de estudios diseñado 10 años antes (en 1982) caracterizado por ser plano, rígido y muy teórico. Y desfasado, con más razón si hablamos de informática. Sin embargo no era eso lo que nos agitaba. Voces agoreras sembraron la incertidumbre entre los que, como yo, preferíamos continuar estudiando en la última promoción del plan del 82 por no perder un año.
Los agoreros sugerían que las empresas iban a seleccionar a un ingeniero antes que a un licenciado. Que nos íbamos a quedar en el paro con un título inútil. Exigían una convalidación de títulos y que todos fuéramos moros o cristianos para competir en el mercado laboral en igualdad de condiciones. Esto me recuerda otro rumor de la época que nos aconsejaba hacer la mili y no objetar, porque muchas empresas ponían como condición tener el servicio militar cumplido. Ay, los agoreros…
Al final los años han invalidado sus argumentos. Por la experiencia que yo tengo, nunca se ha discriminado a un licenciado o un diplomado por un ingeniero. Posteriormente se han incorporado al mercado otras titulaciones variopintas de otras universidades ajenas a la politécnica pública de la que procedo y de otras ciudades, e incluso hemos visto como se ha hecho común la contratación de telecos, matemáticos, físicos para puestos teóricamente destinados a informáticos.
Aún hoy se oyen los ecos de otra polémica que estalló hace unos meses con un trasfondo similar pero con repercusiones a gran escala ya que esta vez no se trata de un asunto localista sino que afecta a todos los estudiantes de informática de Europa: los planes de Bolonia.
Sinceramente no estoy muy puesto en el tema, pero creo que a mi edad (y con más de 10 años de “profesional” en el lomo) ya no me va a afectar mucho. E intuyo lo mismo sobre las consecuencias que va a tener en el futuro mercado laboral, es decir: Ninguna. Los planes de Bolonia tenían un objetivo: “facilitar el intercambio de titulados y adaptar el contenido de los estudios universitarios a las demandas sociales”. Y eso mismo es lo que va a pasar con la informática. Precariedad, intrusismo, poca profesionalidad son características propias con las que se encuentra un informático estándar. Así que no tiene sentido crear una titulación técnica especializada y exclusiva que no casa con un mundo real gobernado por Pepe Gotera y Otilio Inc. y los interés económicos de las grandes empresas (muchos apuntan a ellas como impulsoras de los planes de Bolonia). A las empresas del sector les interesa esta coyuntura actual (más cantidad, menos calidad, más beneficios, menos costes), y obviamente a nuestros políticos no les interesa cambiarla.
La gente lo sabe, y ya no hay tantos que quieran estudiar informática. Me ha sorprendido que las nuevas generaciones de estudiantes lo tengan tan claro y les felicito. En mi antigua universidad, la carrera de informática ha visto como ha bajado la demanda en los últimos cursos. Esto no va a preocupar mucho a las multinacionales, si no hay informáticos, contratarán a otros titulados y la vida seguirá como hasta ahora. No hagas caso a los agoreros que dicen que por culpa de Bolonia otros titulados nos van a quitar los puestos de trabajo a los informáticos. Eso ya está pasando. Tampoco creas que te vas a quedar con un titulo inútil. Trabajo tendrás (si la crisis remonta algún día), eso si, precario. O sea, lo que tenemos ahora. Si te gusta la informática y quieres trabajar en una multinacional, poco va a importar donde estudies, o incluso qué estudies. Para mí la conclusión es esa: Los planes de Bolonia significan una perpetuación de las condicionales laborales actuales. La vida sigue igual.
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