Saltar al contenido

Informática forever

30 diciembre 2011
etiquetas: ,

Los números de las crisis dan vértigo. Millones de puestos de trabajo destruidos. Miles de empresas cerradas. Los desahucios ya no son noticia. La lista de morosos crece al mismo ritmo que la prima de riesgo de la deuda española. Las colas en las oficinas del INEM superan a las de los conciertos de Justin Bieber. Los centros comerciales tienen más locales en alquiler que alquilados…Nuestra querida España (urdangarines y bautistas aparte) es un solar arruinado lleno de pobres, parados, mileuristas y submileuristas desangrado por el chorro de la deuda. ZP y su troupe ya ha abandonado el barco, y Rajoy y su camarilla de aduladores rematarán a las verdaderas víctimas de la crisis (los pedestres ciudadanos) recortando lo poco que nos queda.

En este escenario de ruindad ¿Quién se atreve a arriesgar su dinero (los que lo tengan, claro)?

Dicen los grandes gerentes de las más exitosas multinacionales (esos visionarios sin parangón) que los tiempos de crisis son tiempos de oportunidades. ¿Será verdad?

Últimamente paseo mucho por recomendación médica (eh no es lo que os pensáis, no estoy tan mayor! Camino por los beneficios que reporta al embarazo). Me recorro el barrio de arriba a abajo, y me conozco todos los rincones donde mean los perros.

El mío es un barrio de reciente construcción donde antes había un trozo de montaña poblado por garroferes (algarrobos) y convertido en virtud de los planes de urbanismo salvaje de la burbuja inmobiliaria en plantación de fincas de 5 pisos. Las últimas de ellas aún sin vender a pesar de estar terminadas hace más de 2 años, y algunas otras presumiendo de solar donde solo pasean los gatos y medran los matojos, custodiadas por ajados carteles donde promotoras seguramente ya fallecidas anuncian la próxima construcción de unas viviendas fantasma que no llega nunca.

A un barrio nuevo siempre le cuesta arrancar y si alguna vez dio signos de vida la crisis se los quitó de un mazazo, la mayoría de bajos comerciales siguen vírgenes, las oficinas tan diáfanas como el primer día, los carteles de “se vende” o “se alquila” se encuentran roídos y desgastados a punto de despegarse de viviendas abandonadas y de locales donde apenas se distinguen vestigios de negocios pasados como cadáveres empresariales. Incluso algunas oficinas de banco han cerrado…perdón, se han trasladado, los bancos no cierran nunca, y si tienen problemas ya está el BCE para rescatarlos.

Y dicen que los tiempos de crisis son tiempos de oportunidades ¿Qué negocios son esos? ¿Cuales son boyantes? ¿Quien ha sacado tajada de la crisis?

Mis paseos por el barrio pueden esclarecer esta duda y quién sabe, tal vez me hagan replantearme mi futuro en el mundo de la informática y buscar una ocupación más provechosa.

Pero antes de empezar quería destacar primero unas rarezas, unos negocios extravagantes, sacados de la teletienda, abiertos contra toda lógica y contra todo sentido común y que no dejan de admirarme cada vez que paso por delante de su puerta y aún la veo abierta: Como un local dedicado al alquiler de plataformas vibradoras por horas (ya cerrado y no me extraña) y un workship donde venden complementos alimenticios para deportistas (esto es legal? No le auguro una larga vida)

Salvando estas excentricidades, lo que me interesa son los negocios de éxito. Cuando los gurús de la economía global dicen que la crisis es el tiempo de las oportunidades, deben estar pensando en los bares españoles. Negocio irreductible en la España de la tertulia, la cerveza y las aceitunas. Se apiñan unos al lado de los otros, se reparten la clientela y compiten con los traspasos a los chinos y su 24×7 imbatible (cuando entren en la informática ya podemos reciclarnos).

Hay cierto bar-kebab-pizzeria traspaso de un traspaso de otro traspaso (periodo) hasta llegar a manos de unos orientales con un éxito espectacular, siempre lleno con decenas de personas bebiendo tercios de amstel. Seguramente clientela habitual venidas (sospecho) de la listas del INEM, ya que aparentemente son parados de larga duración ahogando sus penas en la siempre comprensiva cerveza. No sé a ciencia cierta cuál será el secreto para sortear la crisis, pero lo cierto es que los bares españoles tradicionales regentados por taberneros nacionales que siguen con su horario español tradicional ignorantes a la amenaza asiática tampoco cierran. El alcohol debe ser como los productos cosméticos, la crisis no los afecta.

Otros clásicos invencibles, son los locutorios, que ahora además de dedicarse al negocio de las telecomunicaciones diversifican su negocio con fotocopias, recarga de cartuchos y venta de golosinas. A pesar de tener supuestamente mermada su cartera de clientes siguen en pie, uno en cada esquina como si la crisis no fuera con ellos.

En la misma línea están las fruterías de bajo coste. Abiertas todos los días del año, no les importa plantar cara a los grandes supermercados, subiendo la persiana con chulería justo enfrente de mercadonas o consums. Comenzaron a aflorar antes de la crisis, pero ésta les ha dado el empujón definitivo, ya que su arma no es otra que el bajo precio.

Y por supuesto, no nos podemos olvidar de los bazares orientales que te venden ropa, complementos y casi cualquier cosa imaginable. De nuevo con una filosofía difícil de batir, precios bajos, y abiertos todo el año. Curiosamente todos estos negocios mentados están regentados por inmigrantes asiáticos.

Y como no soy oriental y no tengo intención de trabajar más horas de las que ya echo en mi oficina, todos estos proyectos están automáticamente descartados.

Además se trata de negocios que se han adaptado a la crisis, y por tanto ya existían antes de que estallara. Hay que caminar un poco más para encontrar los negocios que han surgido de (y gracias a) la crisis.

Un claro ejemplo son los puestos compro oro. En cualquier esquina oscura, en locales cochambrosos y de dimensiones liliputienses, apenas una ventana o un mostrador abre sus puertas e invita a los transeúntes a hacer una transacción con tintes de timo que está arraigando entre las víctimas del paro. Vender las joyas de la abuela, las chapitas de la comunión, o el horroroso collar que te regaló tu novio (hoy marido) en la primera cita (en muchos casos posiblemente sea también el último que te hizo) y que solo te pusiste el primer día para no desagraviarlo, supone un ingreso de algunos euros que pueden aliviar mínimamente la exprimida economía familiar. De paso siniestros personajes que no dan la cara se llevan una sustanciosa comisión que nunca conocerás gracias a la sobrevaloración del precioso metal en tiempos donde las monedas caen en picado. Desconozco que tipo de preparación hay que tener para ser tasador de metales preciosos, o si los que intercambian oro por unos billetes realmente la tienen, pero el negocio debe ir bien, porque cualquier centro comercial tiene una parada, y mi barrio no es la excepción con varios de estos locales.

Otro negocio boyante y hasta cierto punto sorprendente: La recarga de cartuchos de impresora. Esto podía haberlo pensando alguien antes, ya que los cartuchos de marca para impresoras de tinta era un robo a mano armada también con tintes de timo. En poco tiempo si seguías las recomendaciones de los fabricantes de usar sus consumibles para preservar la vida de las impresoras, te gastabas más en la tinta que en la máquina. Posteriormente aparecieron marcas compatibles de bajo precio al rescate, y ahora estos negocios (he contado hasta 3 en la misma avenida en el radio de 800 metros) te ofrecen la posibilidad de recargar la tinta en el mismo cartucho usado a módicos precios de 3€. Nada barato tampoco, pero nada comparado con los 20€ que podían cobrarte por un consumible de marca. Lo raro es que con tan poco margen por venta (máximo 3€) puedan sobrevivir con tan poco volumen de ventas (normalmente tardas unos meses en vaciar un cartucho en un uso domestico estándar). Pero ahí están los 3 locales. Veremos cuanto sobreviven.

Otro negocio que aprovecha las corrientes de la moda pero que no me acaba de convencer. Las tiendas de bicicletas y accesorios. No estoy muy puesto en el mundo de los pedales, pero es innegable que el ciclismo está en auge. No sé hasta dónde llegará, ni si la crisis podrá doblegarlos, pero les deseo suerte y sigo buscando.

¿Y qué más hay?… negocios tradicionales, auténticos supervivientes, que comercian con productos de primera necesidad: panaderías, pescaderías, carnicerías, alguna ferretería, seguramente adaptados a los tiempos, bajando márgenes o congelando precios, luchando contra las grandes superficies.  Negocios sacrificados y seguramente con escasa recompensa más allá de la supervivencia. El resto cayeron como moscas, los pocos que se atreven a abrir no tienen suerte, un estudio fotográfico apenas unos meses abierto ya se traspasa.

¿Qué más queda? Poco más, la crisis se llevó los que eran en otro tiempo pasado paradigmas de negocio rentable como las inmobiliarias (hoy extintas), o hace tambalear otros comercios históricamente sinónimos de solidez, como las farmacias, que a pesar de su clientela inmensa y de estar subvencionadas con dinero público, hoy en día están al borde del abismo (o eso dicen).

Ya no veo tiendas que comercien con productos prescindibles, ropa de marca, tecnología, librerías ni por supuesto productos de lujo…en resumen, por más que he pateado el barrio no he visto nada que pueda vencer a la crisis con cierto margen de seguridad. Fantástico.

Informática forever! O hasta que toque la lotería….

¿Lotería? Esperad!..si…hay un negocio…que siempre tiene cola cada vez que voy a echar la quiniela. Una ventanilla diminuta que ve pasar billetes a la velocidad de la luz durante todo el día, con costes fijos mínimos, que solo necesita un empleado para atenderlo y que además es legal. Y lo mejor de todo, todo el mundo,  pobres y ricos (pero creo que especialmente los primeros, y en los tiempos que corren, pobres hay muchos) esperan pacientemente su turno para ser atendidos. Si eso es… una administración de lotería! Negocio seguro gracias a la afición tan española querer ser rico sin hacer méritos. Y en tiempos de crisis, con más ganas sin cabe.

Lamentablemente creo que abrir uno de estos negocios es más difícil que oír a Cristiano Ronaldo decir que es feo, hay que ganar un concurso de adjudicación convocado por el Organismo Nacional de Loterías y Apuestas del Estado mediante publicación en el BOE (!) y debes disponer de bastante capital de inversión… así que… ahora sí…

Informática forever!

Y Feliz Año!

Reseñas Xpres: Hoy…novela negra

9 diciembre 2011
etiquetas:

Camilla Läckberg. La princesa de Hielo

En este mundo nuestro cuando algo se pone de moda, lo tenemos hasta en la sopa. Y aunque Stieg Larsson palmó hace unos cuantos años su influencia aún se nota en los estantes de las librerías. El éxito de su Millennium (ya reseñado en este blog) ha abierto las puertas de las editoriales a todo un ejército de escritores nórdicos de novela negra, en un todo vale que deja en tus manos subproductos como esta Princesa de Hielo. Hoy en día, con tanto paro, ser escritor de novela negra en Escandinavia debe ser un chollo de trabajo.

El asesinato de una joven vecina de un pueblo es el detonante de una trama de secretos familiares al tiempo que narra las vivencias personales de la escritora protagonista. El único atractivo de la novela es desmadejar los misterios, porque las peripecias sentimentales de la protagonista están sacadas de un telefilm dominguero de antena3 (empieza la historia soltera y acaba encontrando novio guapo y bueno, no digo más…). La resolución del puzzle me pareció floja, gran parte de la investigación se basa en el descubrimiento casual en una papelera de… un testamento nada menos! El asesino no por inesperado es más creíble. En general, los personajes tienen el perfil psicológico de un ninot de falla, son predecibles y estereotipados especialmente los malos (muy malos, muy torpes, muy creídos). Es carne de consumo veraniego en la tumbona de la playa acompañada por una cerveza para evitar la indigestión.

James Hadley Chase. A Salvo si estás muerto

Más novela negra. Pero ésta es añeja, como un vino picado. Escrito el 1954 por James Hadley Chase, un autor (británico) sospechoso desde que descubrí (no hay que investigar mucho, está escrito en la solapa de la novela) que comenzó a escribir novelas imitando a los clásicos norteamericanos, ambientando sus historias en los bajos fondos de ciudades estadounidenses, con un plano y un diccionario de jerga como apoyo. Y todo sin vivir nunca en el país protagonista de sus historias. Ni siquiera el nombre con el que firma es auténtico, en realidad se llamaba René Babrazon (no me extraña que usara un seudónimo).

En vez de creatividad, Chase parece destacar por su trabajo de mimetismo y réplica, un copy-paste (como lo llamamos los informáticos) de ideas, personajes y situaciones que le hace caer en todos los clichés imaginables. El protagonista es lo más “sobrao” que he visto desde que Mourinho se sienta en los banquillos. Chase sin tiempo para descripciones, guía a su pedante protagonista por una trama enrevesada y rocambolesca sembrada de muertes gratuitas y situaciones inverosímiles jalonada por unos guiños de humor peores que los chistes de chiquito. A partir de la página 50 he activado mi sistema de lectura veloz para finiquitar este tostón en 3 sentadas. Finalmente he sacado 2 conclusiones: novela solo apta para los muy muy amantes del género (entre los que no me encuentro) y vista cansada.

Henning Mankell. Asesinos sin rostro

Parece que me guste la novela negra. Pero de verdad que no. Todos estos libros me parecen iguales. Asesinato morboso y horrible inicialmente sin pistas, detective con vocación de antihéroe, y culminación del rompecabezas gracias a la sagacidad del protagonista. Estos Asesinos sin rostro de Henning Mankell (otro sueco) no son una excepción. Lo que la hace diferente es que está escrita en 1990 (es una novela pre-larssiana y no vive de las rentas de Millenium) y Kurt Wallander (el antihéroe protagonista) tiene una larga hoja de servicios, hasta el momento, de 10 novelas.

Su estilo directo sin detenerse en descripciones más de lo necesario da agilidad a una novela que se puede leer de un tirón. La simpatía por Wallander crece a medida que descubres lo patán que es en su vida privada. Lo más destacable para mi es el esfuerzo del autor en hacer algo creíble, urdir una investigación como podría ser en la vida real, con pistas falsas, callejones sin salida y dosis de suerte y evitando forzar las piezas para sorprender al lector desenmascarando al asesino más inesperado.

Además la novela puede interpretarse en términos sociales, ya que la inmigración y xenofobia es un tema significativo en la trama. De las tres novelas reseñadas, solo me quedan ganas de repetir ésta última, pero sin prisas.

Códigos deontológicos

3 diciembre 2011
etiquetas:

Cansado de denostar al gremio de los informáticos, a veces es bueno echar una mirada por ahí fuera para ver como está el patio. No puedo evitar pensar en esos señores de la bata blanca, los médicos. Unos señores tan respetables que toda su clientela, incluidas las señoras mayores que podrían pasar por ser sus abuelas, se dirigen a ellos con amables tratamientos de respeto como Don Enrique o Don Francisco.
Que satisfactorio es ver a los médicos reconocidos por hacer bien su trabajo. De todos los que tienen plaza pública, pocos son los que se resisten a montar su consultilla privada, una fuente inagotable de ingresos no cotizables (¿Cuándo han dado una factura tras una visita?). Admito que debe ser duro llegar, pero si haces bien tu trabajo que rentables salen los años de carrera, prácticas, MIR y oposiciones. Se trata de una profesión de élite, reglada, respetada, remunerada y además amparada por un santo código deontológico.
Saber que tu médico, como Hipócrates hace 2500 años, ha jurado sentencias como “La principal lealtad del médico es la que debe a su paciente y la salud de éste debe anteponerse a cualquier otra conveniencia” da tranquilidad antes de entrar en un frío quirófano para jugarte la vida. En general, creo que estos preceptos se cumplen, la medicina es un tema muy serio y las enfermedades comunes están estudiadas y los tratamientos protocolizados hasta convertirlos en bendita rutina.
Se puede objetar cierta laxitud en otros juramentos como el que dice que “el médico actuará siempre con corrección y respetará con delicadeza la intimidad del paciente” (muchos de ellos no destacan por su amabilidad precisamente a no ser que vayas a su consulta privada) o aquel que dice que “el médico debe atender con la misma diligencia y solicitud a todos los pacientes, sin discriminación alguna” (si eres un conocido del médico no solo recibes mejor trato sino que además evitas las colas) pero en general se trata de un sector profesional y la sociedad le recompensa por ello.

En el otro extremo tenemos a la informática. Mi sector, mi gremio, mi pan de cada día. No existen códigos deontológicos porque las TIC son la ciudad sin ley. Un todo vale por la pasta donde no tienen cabida remilgos ni trabas como pueda ser la profesionalidad o la ética laboral. Un sistema donde el buen hacer en el trabajo es menospreciado y donde es preferible pagar a un becario para que haga las labores de un senior sin importar la calidad ni el respeto por el cliente. Una dinámica de trabajo donde lo más importante es recortar gastos, maximizar beneficios y vender, vender, vender…

…pero aunque no os lo creáis no vengo a hablar de mi libro.

Hoy voy a repartir a otro gremio sobrevalorado. Admito que les tengo algo de tirria. No al sector en general, sino a algunos ilustres miembros (algunos de ellos ya retratados en este blog). Estoy hablado del periodismo y de esos paladines de la justicia y defensores de la verdad:  Los periodistas. Otra santa profesión, prestigiosa y elitista, pilar inquebrantable de la sociedad moderna, también con un código deontológico… que no cumplen (casi) nunca.
Un repasito rápido al código me muestra que la palabra VERDAD parece bastante importante para los periodistas. Nada más empezar ya puedo leer que “el primer compromiso ético del periodista es el respeto a la verdad.
Lo primero que me pregunto es… ¿Dónde encaja la prensa rosa? ¿Cómo se compatibiliza una profesión basada en la verdad con una profesión basada en la no-verdad (rumores)? Porque son periodistas también ¿no? ¿Estamos hablando de lo mismo? ¿Para que estudiar 5 años de carrera si después te vas a dedicar a hacer preguntas poco profesionales a un coche que pasa por tu lado a toda velocidad?
No tengo más remedio que obviar la prensa rosa y amarilla y tratarla como la oveja negra de la familia periódistica, y proseguir con los profesionales de la información de verdad. Los de las noticias. Éstos deberían mostrar un gran respeto por la verdad en cada noticiario…si, tenemos grandes ejemplos: Canal 9, TeleMadrid y la TVE de Urdaci.
¿Qué pasa aquí? Parece que palabras como independencia y ética profesional no encajan en unos medios de comunicación permeables a las injerencias políticas. Los medios públicos no son el mejor ejemplo a seguir ya que sucumben ante ciertas presiones. No tengo más remedio que excluirlos también ¿Qué me queda? ¿Cuál es el último bastión de la honradez? El sector privado ¿no?
Bien, veamos como manejan la verdad los principales periódicos nacionales.

Portada de ABC 16/11/2011 Los indignados "festejan" su protesta planetaria. Decenas de encapuchados causan en Roma graves disturbios en los que se registran 70 heridos

.

Portada de El País 17/11/2010. El movimiento de los indignados renace como fuerza global

¿Se trata de la misma noticia? Porque no lo parece, especialmente si te fijas en la foto de portada. La misma información tiene un tratamiento muy distinto. ¿Es divergencia de opinión? Puede ser, aunque la capciosa foto del ABC parece caer en la tentación de manipular y predisponer. Pero mientras no se falte a la verdad… además en ese punto su santo código los ampara: “En el ejercicio de su actividad profesional no está obligado a ser neutral”.

Lo que también dice su deontología es que deben “informar sólo sobre hechos de los cuales conoce su origen, sin falsificar documentos ni omitir informaciones esenciales, así como no publicar material informativo falso, engañoso o deformado”. Parece de cajón, una cosa es opinar y otra engañar.
¿El retoque fotográfico a qué grupo pertenece?

¿El photoshop sirve para expresar una opinión? Eso deben pensar en la redacción de La Razón en vista de la manipulación poco profesional (seguron que se la encargaron al becario) de una de sus portadas en el tratamiento del 15M (el chapuzillas se olvidó de la cabeza de un señor a la derecha de la bandera republicana. A la derecha de la farola también se ven los resultados de indiscriminados copy-pastes).

Lo siento, pero aquí no tiene sitio la verdad. Y esto no es el culpa del becario, las directrices vienen de arriba, son los primero que se pasan por el forro su código deontológico en según que casos.
Aunque parece de perogrullo, y seguimos con el dichoso código, “el periodista debe asumir el principio de que toda persona es inocente mientras no se demuestre lo contrario”. A estas alturas empieza a no ser sorprendente el giro que puede ofrecer de una misma noticia para el diario deportivo más leído del país.

Portada de Marca 10/12/2010 "Marta también era mentira" después de ser acusada en la operación Galgo

.

Portada de Marca 12/11/2011 "¡LIMPIA! Marta Fernández inocente de todo cargo de tráfico y suministros de substancias dopantes"

¿Son casos aislados? Desgraciadamente, esto parece extensible a cualquier medio de comunicación, que barre hacia donde le interesa. La información se cuenta de manera sesgada y con sello de fábrica. Tengo la impresión de que la objetividad da paso a los intereses empresariales. Pero la verdad no sé por qué me escandalizo. Si los medios públicos son permeables a la presión política los privados lo son a los intereses comerciales. Es mejor decirle a la gente lo que quiere oír, que decirle la verdad. Principalmente porque si no le gusta lo que cuentas, igual no te compran el periódico o no escuchan tu programa de radio. Y es lo único que al final importa, la audiencia y la tirada.
Al final el periodismo es un todo vale por la pasta donde no tienen cabida remilgos ni trabas como pueda ser la profesionalidad o la ética laboral. Un sistema donde el buen hacer en el trabajo es menospreciado y donde es preferible pagar a un becario para que haga las labores de un senior sin importar la calidad ni el respeto por el cliente. Una dinámica de trabajo donde lo más importante es recortar gastos, maximizar beneficios y vender, vender, vender…

…Un momento!

…Esto ya lo he dicho!

PD.: Creo que ahora ya lo tengo todo más claro, aunque solo me queda una pregunta sin respuesta… si los periodistas son como nosotros los informáticos… ¿para qué cojones quieren un código deontológico?

La generación tapón

5 noviembre 2011

Nunca llegarás arriba porque los que mandan, gente acomodada, gris y antigua,  ejercen de barrera.  Nunca llegarás arriba porque tienen miedo a las innovaciones, al talento, a que les quites el puesto”.

Estas pocas palabras resumen lo que se conoce como generación tapón.

Ah la generación tapón es eso… pensaba que hablaban gente de corta estatura. Sinceramente nunca había oído este término y ahora me pica la curiosidad, parece algo habitual en los negocios tradicionales, pero ¿habrá generación tapón en mi sector? Es decir, en la Informática de las multinacionales.

Antes de contestar esta difícil pregunta tenemos que ver las condiciones laborales de esos informáticos de mediana edad, acomodados, grises y antiguos. Esa gente estancada en el ecuador de su vida, con la ilusión del becario esfumada, seguramente con unos kilos de más en la barriga y unos pelos de menos en la cabeza, desengañada, aburrida y viendo los días, los meses y los años pasar a cámara lenta. Estos personajes o se han reciclado a jefe (pero hay que “valer” para esto) o siguen programando y compitiendo con los jóvenes veintañeros salidos del horno de la universidad o módulo superior (que la crisis está poniendo de moda) llenos de ganas por comerse el mundo y con la cabeza actualizada con la última versión de conocimientos.

Con la veintena evaporada hace muchos años y con mi ilusión juvenil hecha un juguete roto me temo que yo solo puedo ser uno de esos acomodados, grises y antiguos.

¿Nos podemos sentir amenazados por estas nuevas remesas de profesionales teóricamente mejor preparados? ¿Qué futuro nos espera a los que preferimos ser técnicos antes que jefes? ¿Les vamos a cortar las alas a los pobres chavales y los vamos a tener haciendo reports de por vida? Es decir ¿Hay generación tapón en las multinacionales de las TIC?

Hoy me toca hacer de adivino. Pero primero una mirada a mis amigos los jefes. ¿Se hacen tapón unos a otros? Como pirañas que son, los jefes se besan o se muerden unos a otros para trepar un escalón más. Y es que la competencia por ser jefe es dura. Pero en una multinacional los grandes trepas salen a flote de forma natural. En un árbol tan poblado de pajarracos como es la pirámide de poder de una gran empresa es relativamente fácil saltarse un tapón. Solo hay que cambiar de padrino. Yo he visto carreras fulgurantes al estrellato. Con el patrocinador adecuado todo es posible.

Pero estamos hablando de jefes. Esa no es mi guerra. Retomemos el tema que nos interesa ¿Hay generación tapón para los técnicos? Mejor dicho ¿Los grises tenemos que hacer tapón a los nuevos para evitar que nos pisen? ¿Un joven e imberbe informativo de 20 o 25 años puede amenazar mi status? En otras palabras… ¿Puede ser mi jefe? :S

En primer lugar, ¿Debo temerlo por saber más que yo? ¿Cómo es su formación comparada con la mía? Los jóvenes de hoy en día parecen menos preparados que antes (Bolonia hace estragos), o será que no recuerdo lo verde que estaba yo cuando era becario. En todo caso, estoy convencido que en esta profesión donde cada día aprendes algo nuevo, saber mucho es poco y saberlo todo, imposible. Es preferible tener actitud, recursos y adaptarse al entorno cambiante. Por eso tal vez, la experiencia es un grado y estoy tranquilo porque sé que ni un master, ni un ciclo superior, ni un título en la University of Wisconsin-Madison pueden vencer mis 13 años de experiencia. Que al igual que los electricistas o fontaneros, la práctica hace al maestro. Pero lo que más tranquiliza y me permite dormir por las noches es, curiosamente, el sector en el que movemos.

Y aquí es donde la filosofía de las multinacionales tantas veces vilipendiada en este blog aparece ahora como mi mejor aliada. Porque la tendencia del mercado es dar más por menos. La vieja batalla de maximizar la cantidad no la calidad tan aprehendida por los gestores de proyectos. Y su leitmotiv diario: Reducir costes, contratar más barato, subcontratar, el abc diario del departamento de RRHH de cualquier gran empresa que cotiza en bolsa.

En resumen, hay “tapón” entre técnicos motivado por la propia dinámica laboral del sector. Ellos lo quieren así. Puedo estar 10 años más metido en el negocio hasta que me quede ciego del todo y comience a vender cupones de la once o me canse de las teclas y monté un bar. Todo esto es tranquilizador, no quiero sentirme como Dennis Quaid en la película “Algo más que un jefe” en la que tiene que ponerse a las órdenes de un chaval al que dobla en edad que además de quitarle el puesto… se zumba a su hija!

…un momento…

…hay tapón entre técnicos pero no entre jefes… ¿Lo he dicho verdad?…

…entonces nunca tendré a un técnico más joven que yo dándome órdenes… pero nada puede impedir que un pimpollo cualquiera sea mi jefe de proyecto! Arrggh! Odio las multinacionales!

Vargas Llosa, la miss y yo

21 octubre 2011

“¿Qué te parece la figura de Vargas Llosa?

Pues le sigo hace tiempo, nunca he tenido la suerte de leer nada de él”

Sofía Mazagatos, miss

Se trata de una de las frases más célebres de la inefable miss. Es una gran frase, que además de invitar a la risa, es una sincera declaración de intenciones arrancada espontáneamente. Como las promesas de una vida nueva de principios de año. O como las fugaces visitas al gimnasio de todos los septiembres que no duran mucho más allá de los primeros fríos del otoño. Un querer sin poder. Un me gustaría ser Gisele Bündchen pero solo soy Sofía Mazagatos.

Yo también me sentía así…

Después de una juventud entregada a Asimov, a Tolkien y los Caballos de Troya del también inefable J.J.Benitez, después de superar todas las crisis lectoras que sufrí en la veintena, después de consolidarme como lector contra viento, marea y las estadísticas, me faltaba algo. Como a la inefable miss, me faltaba adorar a Vargas Llosa. Necesitaba que me encantaran sus novelas. Y, a diferencia de la inefable miss, al menos leer alguna de ella.

Pero no puedo traicionar este ejercicio de sinceridad. Mi primer encuentro con el Nóbel peruano fue muy temprano, con los veinte cumplidos, pero fue frío y fugaz como la visita a un prostíbulo. Fue producto de una promoción literaria anunciada por tv, una manera de vender libros habitual disimulada entre las docenas de coleccionables por fascículos que inundan los kioscos todos los otoños. Caí en la tentación, aunque solo compré la entrega promocional. 2 libros a precio de risa, 300 o 500 pesetas. Eso si, encuadernados con papel de fumar y cartón de calidad paupérrima.

“Lituma en los Andes”, así se llamaba la novela. Premio planeta 1993. Hoy en día apenas recuerdo nada, un policía de la capital que va a investigar un asesinato al interior del país. Allí es recibido con recelo. Creo que era un relato social, de contrastes entre los peruanos costeros y los andinos, no sé. Tres lustros después leyendo alguna reseña descubro que se trataba de una reescritura del mito de Dioniso (perdonad mi ignorancia supina en mitología griega). La novela, recuerdo, sin disgustarme, me dejó una sensación extraña. Tal vez la sensación que, por mucho premio planeta que le avale (si es que este tipo de premios avalan algo), se trataba de una obra que no merecía elevar a los altares a su autor.

Tras este borrón pasaron los años y se abrió la distancia entre el escritor peruano y yo. Yo también estudié como la inefable miss, me culturicé mínimamente, aprendí algo de inglés, recorrí un poco de mundo, y me olvidé de Vargas Llosa.

El esperado encuentro literario se postergaba sine die. Durante 15 años seguimos dándonos la espalda, hasta que hace unos meses cayó en mis manos “La ciudad y los perros”. No es exacto. Confieso que fui yo quien salió en su busca. Le tenía ganas a su opera prima (al menos la primera obra de éxito). Tal vez pensando que como pasa con muchos autores la primera es también la mejor. Como si hubieran echado toda la carne en el asador en la primera oportunidad y luego se hubieran quedado sin carne para posteriores entregas.

Demasiadas ganas le tenía, tal vez. Error de principiantes. Si algo he aprendido de literatura en estos años es que unas altas expectativas suelen garantizar una decepción. El tema me atraía, siempre que se desprestigie a las instituciones militares…y ciertamente no salen muy bien paradas. Pero la novela es más que eso, es rica y coral, además de una crítica de la sociedad peruana. Alabo su complejidad y su elaboración pero no estaba preparado para esto. Sin sentirme decepcionado, tampoco quedé satisfecho. 15 años de espera, pueden llegar a idealizar una obra hasta el punto en el que en mi imaginación supere la realidad.

Como suele ocurrir con tantos asuntos cotidianos, solo hace falta desear una cosa para que se cumpla la contraria. Mi adoración en ciernes se resquebrajaba antes de nacer. Me gustaría preguntar a la miss si sintió lo mismo cuando leyó (como dice haber hecho) por primera vez a Vargas Llosa.

Después de este sinsabor, podría haber mirado hacia otro lado, pero preferí regalar una nueva oportunidad al peruano. Tal vez debía haber apostado a caballo ganador y seleccionar alguna de sus otras llamadas maestras, como “La casa verde”, “Conversación en la catedral”, o “La guerra del fin del mundo”. Sin embargo hice todo lo contrario, y compré su obra más reciente y primera post-Nóbel, “El sueño del Celta”. Una biografía novelada de un personaje real Roger Casament. Es un elogioso intento de denuncia de la colonización europea en África y América. Pero ahí se queda. Como novelita es entretenida, pero ¿Dónde está el laureado literato que supuestamente debía idolatrar como a una deidad romana?

En este punto tengo que dejar mi aventura literaria en suspenso. Posiblemente ya he llegado más lejos que la miss, pero realmente no he encontrado lo que buscaba.

Será algo temporal, ya que ese impulso suicida que tenemos a veces las personas me impelió a comprar 2 novelas más antes de descubrir que cabía la posibilidad que Vargas Llosa no me entusiasmara tanto como creía. No es la primera vez que me pasa. Ese otro sentido de responsabilidad que, aunque menos frecuente, también a veces tenemos las personas, me obligará a leerlos.

No me duele admitirlo: Después de 3 lecturas confieso que aún no adoro a Varga Llosa. Pero no voy a repartir culpas, me las quedo todas. El responsable soy yo mismo por cometer el mismo error que la inefable miss: adorarlo antes de leerlo.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.