El Síndrome del Anillo
En las multinacionales trabaja mucha gente. Hablamos de miles, o incluso decenas de miles. Por este motivo la pirámide de poder es más grande que la de Keops. En la base estamos los programadores, analistas, dbas, becarios y currantes varios. En la cima de la pirámide está el consejero delegado. Y entre los dos mundos podemos encontrar una cantidad casi infinita de jefes intermedios.
Este panorama propicia situaciones rocambolescas. Por ejemplo, en proyectos pequeños es típico encontrar más jefes que subordinados: 2 jefes de proyecto, 1 gerente, y 1 responsable de cuenta por un lado y 1 programador en el otro. A veces hay también 1 analista o medio (no es que cortemos a los informáticos por la mitad, quiero decir que trabaja en ese proyecto el 50% de su tiempo). No hace falta decir que el programador puede cobrar aproximadamente la mitad que cualquiera de sus jefes. Luego dicen que los proyectos no son rentables.
Otra situación curiosa que se da con mucha frecuencia es que no conoces a tu jefe. Esto suele ser producto de la descentralización, tu jefe trabaja en otra ciudad o incluso otro país. Sabes que existe, aunque para ti es tan corpóreo como un fantasma. Solo es un nombre, un contacto del Outlook. A veces sabes de su existencia por correos redireccionados. Él no suele enviarte correos directos ya que no sabe encontrarte en la lista de contactos, seguramente porque no conoce tu apellido. Aunque es bastante atípico, en ocasiones incluso llegas a hablar con tu jefe por teléfono para tratar temas intrascendentes (aunque para ellos son asuntos de vida o muerte) como que falta rellenar dedicaciones o que falta justificar un gasto.
De vez en cuando descubres que tienes un jefe nuevo, a veces debido a una reestructuración, o un cambio de puesto (que nadie se ha dignado en informar), o simplemente estaba ahí todo el tiempo pero nunca lo habías visto ni nadie lo había mencionado porque aún no había participado en el proyecto. Luego se enfadan porque los programadores no conocen el nombre del consejero delegado, y que no se implican.

Con tanto jefe suelto pisándose la manguera unos a otros es normal que muchas veces la oficina sea un nido de víboras. Una carrera de ratas donde el objetivo final es llegar lo más alto posible de la pirámide. Me recuerda a nuestra santa iglesia católica. Tenemos nuestro Papa, el consejero delegado, que es dios en la Tierra. Solo tiene que mover un dedo para que un cardenal y varios obispos (jefes intermedios) pierdan la cabeza y pringuen a los sacerdotes (programadores) y monaguillos (becarios) que haga falta. Estos además de perder la cabeza pierden horas de sueño y algún que otro domingo de descanso.
Es curioso ver como el poder puede transformar a personas normales en jefes. Te dan un poco de poder y quieres más, y acabas haciendo cualquier cosa por tenerlo. Te corrompes. Te conviertes en un verdadero cretino y venderías a tu madre por salvar tu preciado trasero. Pierdes amigos, tus compañeros te odian pero te da igual, eres el rey. Esto no solo nos pasa a los informáticos, es inherente a la raza humana. Y a la de los hobbits. Recordad lo que le pasó a Gollum y Bilbo con el dichoso anillito del poder. Todos padecen el Síndrome del Anillo.
Obviamente para ser jefe y llegar alto debes tener unas habilidades innatas y/o un padrino influyente. La vida del jefe no siempre es fácil, tienes que estar nadando entre aguas turbulentas llenas de pirañas, tienes que ser un superviviente. No hace falta que seas inteligente o trabajador. Incluso es desaconsejable destacar en aspectos técnicos, ya que pueden hacer de ancla en tu carrera. Es preferible ser político, parlanchín, vendedor de enciclopedias y encantador de serpientes. El objetivo principal es hacer creer a tu superior que eres realmente bueno en tu trabajo. Hacer creer, aparentar, vender humo. Esto no está al alcance de cualquiera.
Me he permitido la licencia de escribir un modesto decálogo para aspirantes a jefes. Solo son unos consejillos que creo pueden ser útiles en una empresa en la que funciona el Principio de Dilbert. Admito que yo no los he seguido nunca, después de ver como acabó Gollum, prefiero quedarme en la Comarca, feliz con mi pipa y mi cerveza.
1. Ven vestido de traje siempre. No esperes que te lo pidan. Da igual que lleves barba de 3 días, o que estemos en pleno mes de agosto, lo importante es la corbata en tu cuello. Si no pareces un jefe, nunca serás un jefe.
2. No destaques en ningún aspecto técnico, es un callejón sin salida. Nunca podrás promocionar si eres imprescindible en algún proyecto.
3. Dile a tu jefe lo que quiere oír, no la verdad. El jefe quiere vivir feliz y tranquilo, no quiere saber nada de los problemas. Prométele que te encargaras del asunto y que no se preocupe. Por supuesto, oculta todos los fallos (especialmente los tuyos).
4. Si a pesar de tus esfuerzos hay algún problema que ha llegado al conocimiento de tu jefe, antes de que reciba más información, hazle ver que la culpa es de otro. Por el contrario, si un proyecto sale bien intenta colgarte las medallas del éxito.
5. Aparenta que trabajas con estrés y que tienes tantas tareas que te faltan horas. Para ello debes irte un minuto mas tarde que los demás. Da igual que llegues 1 hora tarde todos los días (los jefes nunca madrugan) o que dediques media mañana a hacerte cafés con los compañeros (para un jefe eso también es trabajar). Si un día te vas más pronto, haz ver a tus jefes que te vas a trabajar a casa.
6. Envía correos a horas intempestivas. Un domingo a cualquier hora, o un lunes después de medianoche. Da la sensación de que vives pensando en el trabajo.
7. Da siempre tu opinión como si fueras experto en el tema aunque no tengas ni idea. La retórica es un arte, y no está el alcance de todos. Hay que dar rodeos sin llegar a decir nada. Oculta tu ignorancia con palabras rimbombantes como “paradigma”, “proactivo”, “dimensionar”. Entrénate en casa.
8. Búscate un subordinado sumiso y competente (un becario es ideal) para encargarle todas las tareas de responsabilidad. Hazle saber que llegará muy lejos en esta empresa si sigue así. Este sistema tiene un fallo, al final siempre descubren el engaño, pero siempre puedes buscar otro becario.
9. No te relaciones con gente que está por debajo de ti en el organigrama. Tienes que elitizarte. Aprende a jugar al pádel, y si está en tu mano, da clases de patrón de yate. Hazte el encontradizo con cuantos más jefes mejor, intenta bajar a almorzar con ellos. Tienen que pensar que eres uno de ellos.
10. Y lo más importante: Ríndele fidelidad eterna a un pez gordo, al menos hasta que deje de serte útil. Es la forma más rápida de subir, que te empujen. Y muchas veces la única.
nota: si quieres saber más del tema estudia informática y ponte a trabajar en una multinacional o leete las tiras de Dilbert.


Jejeje. Muy buen post. A veces los demás mortales creemos que eso de el peloteo y la burocracia en las multinacionales es una leyenda urbana…..ya veo que no. ¡Ah! Y mejor oculta tu identidad, no vaya a ser que alguien se dé por aludido.