Radio Animal Farm
Finales de los años 80. Yo aún era un imberbe estudiante en sus últimos años de instituto. Todas las mañanas me acordaba de la familia del que decidió que las clases empezaran a las 8:30 de la madrugada. En aquella época era muy dormilón, luego con los años se me ha ido pasando. Creo recordar que dormía 8 horas o más, así que normalmente a las 12 ya estaba roque en la cama, hasta que una noche, una vecina loca que tenía empezó a hacer ruidos y me desveló.
En aquella época aún no lo sospechábamos pero estábamos a las puertas del boom de la tecnología digital. Pero aún teníamos que lidiar con los antediluvianos artilugios analógicos. Lo que estaba de moda por aquellos entonces, eran las radios (FM/AM) portátiles, sin antena y con pinganillos para las orejas (toda una novedad) y los cassetes portátiles, unos mamotretos que era tan grandes que no cabían en ningún bolsillo y que se pulían las pilas en cuestión de minutos. Así eran los ancestros de los iPod.
La cuestión es que cogí la radio de mi padre y empecé a darle a la ruedecita. Eran las 12 de la noche y topé con un programa de deportes con el nada modesto nombre de “Supergarcía en la hora cero” de un tal Jose María…García, claro, apodado popularmente como el butanito. Me llamó la atención su estilo autoritario y su vehemencia, el suyo era principalmente un programa de denuncia usando el deporte como excusa. Porque no dejaba títere con cabeza. Pronto descubrí que se trataba de un personaje orgulloso, soberbio y manipulador, acostumbrado durante años a usar el poder de la audiencia para llevar campañas personales contras sus enemigos. Con el tiempo me di cuenta de que este estilo no era único en España, existía una versión femenina, llamada Encarna que hacía estragos en su franja horaria y que afortunadamente nunca llegue a escuchar.
Al mismo tiempo en la rayita de al lado del dial empezaba a hacerse oír la
competencia, “El larguero” un programa de un joven periodista con el rimbombante nombre de José Ramón de la Morena, y con un estilo aparentemente opuesto. JR evitaba el protagonismo rodeándose de colaboradores, usaba un lenguaje cercano, entre ingenuo y humilde. Y usaba el recurso del humor que en la competencia brillaba por su ausencia. Era el perfecto contrapunto. De esta manera empezó una guerra por la audiencia y una guerra verbal entre los dos titanes de las ondas, donde uno lanzaba puyas radiofónicas al otro y viceversa. Era divertido cambiar de dial para comprobar como la misma noticia era mostrada de formas tan opuestas. La guerra duró años, hasta que finalmente el segundo se comió al primero. Hoy en día su programa es líder indiscutible.
Por aquella época leí por primera vez Rebelión en la granja, traducción de Animal Farm, una divertida fábula donde George Orwell ridiculizaba y caricaturizaba al régimen estalinista. En ella unos cerdos de granja liderados por Napoleón (Stalin) arrastran al resto de animales a una rebelión contra el poder abusivo del granjero Jones (el zar Nicolás II). Pero una vez en el poder, los cerdos olvidan los principios que movieron a la revuelta, y acaban adoptando todos los vicios y abusos del granjero.
Como hizo el cerdo Napoleón, de la Morena, una vez derrocó al zar Garcia, comenzó a cometer sus mismos pecados y abusos, hasta que al final ya no encuentras diferencia entre el uno y el otro. Descalificaciones caprichosas a sus “enemigos”, defensa a ultranza a sus amigos, manipulación informativa, soberbia. Acabé harto de él y de sus partidistas y odiosos colaboradores, que solo barrían hacia el lado que les interesaba. Con el tiempo dejé de escucharlo, llegaron los mp3 portátiles y desde entonces las noches de insomnio las mitigo escuchando música o la taula esportiva de radio nou, que serán forofos pero al menos no lo disimulan y hablan del equipo que me interesa.
George Orwell, cuyo verdadero nombre era Eric Arthur Blair, fue un periodista y escritor británico. Es el autor de 1984, un libro clásico, inquietante y visionario del que se extrajo el lema “El gran hermano te vigila” (hoy tristemente famoso por otros motivos) en referencia a la maquinaría de censura y manipulación de un hipotético sistema de gobierno de una gran nación del futuro cercano. Escrito en 1949, Orwell demostró ser un gran conocedor de la condición humana, porque acertó de lleno en muchas de sus proféticas visiones. Stalin lleva muchos años muerto, ha pasado a la historia como un ejemplo de cómo se traicionan unos ideales y como se corrompe el alma de un hombre cuando entra en contacto con el poder. Si su recuerdo es muy lejano, sin embargo, muchas veces su manera de actuar es desgraciadamente cercana. Salvando las distancias, hoy en día podemos encontrar pequeños Stalins en cualquier esquina.


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