Los hombres que no amaban a las mujeres
Antes
Millennium. Los hombres que no amaban a las mujeres. El libro de moda. La novela que se ha leído todo el mundo. El número 1 en ventas. El bestseller del año. Regalo estrella en estas navidades. Para aumentar la leyenda, su autor, Stieg Larsson, murió antes de ver publicada su obra.
Normalmente los que son como este, los ignoro. Pero no se, esta vez, he picado. Y eso que sus 666 páginas desaniman a cualquiera. Tal vez sea porque es una novela negra, un género que no cultivo mucho. Tal vez sea porque se trata de un bestseller donde los protagonistas no son templarios, ni cátaros, ni masones ni los santos griales. Tal vez sea por que me resulta novedosa una historia que viene de Suecia. Tal vez sea porque he oído que mezcla varios temas de actualidad con política, violencia, sexo. Tal vez sea porque no sabía que libro pedir en el Círculo. Así que allá vamos, primer millennium.
Durante
Es la historia de Mikael Blomkvist un periodista íntegro e independiente, y tan recto y tan perfecto que ha empezado por caerme un poco mal. Le han condenado por publicar un reportaje difamatorio sobre un empresario influyente y ricachón, lo cual le obliga a abandonar su amada revista Millenium y justo cuando su vida se va por el retrete otro abuelete también influyente y ricachón le contrata para que escriba la turbulenta historia de su familia e investigue un crimen ocurrido hace 40 años. El autor parece que no tiene prisa, con cierta flema va presentando personajes y abrumándonos con múltiples datos de los miles de familiares del abuelete a medida que Don-perfecto sigue con la investigación. Se lee fácil, porque es un estilo de escribir pensado para lectores vagos donde te lo dan todo mascado hasta el modelo de calzoncillos que usa el protagonista. Don-perfecto es un huevón de aúpa, es capaz de ver como le meten 3 meses en la cárcel y de zumbarse a la sobrina de su jefe sin que le suban las pulsaciones.
Hay otro personaje, una especie de neo-punk antisocial llamada Lisbeth Salander, que va de tonta por la vida para protegerse de la gente pero en realidad es un hacha de los ordenadores, una hacker cojonuda que es capaz de copiarte el disco duro de tu ordenador a partir de una conexión a internet (wow!).
Pasado el ecuador, el tema se anima un poco, la investigación del crimen arranca con las primeras pistas gracias a la colaboración de los dos protagonistas. Me llama la atención que se pasen el día investigando, fumando, tomando café y follando (viciosillos y desinhibidos que son los suecos). Empiezan a verse los patrones clásicos de la novela negra. Finalmente como estaba previsto el crimen se resuelve y el asesino es desenmascarado, sacando a la luz crímenes horribles contra las mujeres. Sin embargo aún quedan más de 100 páginas de propina donde los protagonistas aprovechan para lanzar una furibunda venganza personal contra el empresario corrupto que llevó a Blomkvist a la cárcel, que les sale tan bien que cuando he cerrado el libro he tenido la impresión de haber visto otra secuela de Ocean’s Eleven.
Después
El libro no está especialmente bien escrito. La trama detectivesca no creo que sorprenda a nadie, tiene una resolución típica y se ve venir de lejos. Algunos personajes podrían ser un poco más creíbles. Tampoco puedo decir que me haya leído sus 666 páginas del tirón, hasta la mitad del libro me costó engancharme definitivamente. Al largo epílogo posiblemente le sobraba algo de optimismo.
Sin embargo, a pesar de todo lo dicho, la novela funciona.
El difunto autor sin inventar nada nuevo ha puesto en una coctelera unos cuantos ingredientes y le ha salido un combinado que está bueno. No se trata solo de una novela negra, si así lo fuera hubiera pasado sin pena ni gloria. Son otras subtramas las que catalizan la obra de Larsson. Como la atípica relación personal entre los dos protagonistas, sin caer en un romanticismo bobalicón de novela rosa barata. Mientras Blomkvist cansa, Salander sorprende y agrada, es una freak, una inadaptada socialmente, automarginada, autosuficiente y de difícil trato, de la poco sabemos y poco descubrimos, de manera que siempre le rodea un halo de misterio. Es uno de los grandes aciertos del autor, la verdadera protagonista de su novela, un personaje “moderno” que rompe los estereotipos de la novela negra clásica, y con la que es fácil identificarse. Mientras que en esta primera novela el autor deja cerrada la novela negra, hábilmente deja la subtrama rosa apenas abierta en espera de una continuación. Por otro lado, “los hombres que no amaban a las mujeres” se puede interpretar como una feroz crítica a la sociedad sueca (y por extensión a la sociedad occidental) a la que le van cayendo palos por todos lados. Hipócrita, discriminadora, corrupta, machista, violenta, sin principios, interesada, manipuladora, sexista, falsa y un largo etcétera.
En definitiva, aunque se trate de una lectura ligera, es lo suficientemente rica en matices como para interesar a la gran mayoría de lectores, desde los que buscan bestsellers de verano como los que buscan algo más. No descarto leer la continuación, aunque sospecho que no esté a la altura, ahora que se ha perdido el factor sorpresa es fácil caer en el autoplagio. Ya os contaré.


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