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Códigos deontológicos

3 diciembre 2011

Cansado de denostar al gremio de los informáticos, a veces es bueno echar una mirada por ahí fuera para ver como está el patio. No puedo evitar pensar en esos señores de la bata blanca, los médicos. Unos señores tan respetables que toda su clientela, incluidas las señoras mayores que podrían pasar por ser sus abuelas, se dirigen a ellos con amables tratamientos de respeto como Don Enrique o Don Francisco.
Que satisfactorio es ver a los médicos reconocidos por hacer bien su trabajo. De todos los que tienen plaza pública, pocos son los que se resisten a montar su consultilla privada, una fuente inagotable de ingresos no cotizables (¿Cuándo han dado una factura tras una visita?). Admito que debe ser duro llegar, pero si haces bien tu trabajo que rentables salen los años de carrera, prácticas, MIR y oposiciones. Se trata de una profesión de élite, reglada, respetada, remunerada y además amparada por un santo código deontológico.
Saber que tu médico, como Hipócrates hace 2500 años, ha jurado sentencias como “La principal lealtad del médico es la que debe a su paciente y la salud de éste debe anteponerse a cualquier otra conveniencia” da tranquilidad antes de entrar en un frío quirófano para jugarte la vida. En general, creo que estos preceptos se cumplen, la medicina es un tema muy serio y las enfermedades comunes están estudiadas y los tratamientos protocolizados hasta convertirlos en bendita rutina.
Se puede objetar cierta laxitud en otros juramentos como el que dice que “el médico actuará siempre con corrección y respetará con delicadeza la intimidad del paciente” (muchos de ellos no destacan por su amabilidad precisamente a no ser que vayas a su consulta privada) o aquel que dice que “el médico debe atender con la misma diligencia y solicitud a todos los pacientes, sin discriminación alguna” (si eres un conocido del médico no solo recibes mejor trato sino que además evitas las colas) pero en general se trata de un sector profesional y la sociedad le recompensa por ello.

En el otro extremo tenemos a la informática. Mi sector, mi gremio, mi pan de cada día. No existen códigos deontológicos porque las TIC son la ciudad sin ley. Un todo vale por la pasta donde no tienen cabida remilgos ni trabas como pueda ser la profesionalidad o la ética laboral. Un sistema donde el buen hacer en el trabajo es menospreciado y donde es preferible pagar a un becario para que haga las labores de un senior sin importar la calidad ni el respeto por el cliente. Una dinámica de trabajo donde lo más importante es recortar gastos, maximizar beneficios y vender, vender, vender…

…pero aunque no os lo creáis no vengo a hablar de mi libro.

Hoy voy a repartir a otro gremio sobrevalorado. Admito que les tengo algo de tirria. No al sector en general, sino a algunos ilustres miembros (algunos de ellos ya retratados en este blog). Estoy hablado del periodismo y de esos paladines de la justicia y defensores de la verdad:  Los periodistas. Otra santa profesión, prestigiosa y elitista, pilar inquebrantable de la sociedad moderna, también con un código deontológico… que no cumplen (casi) nunca.
Un repasito rápido al código me muestra que la palabra VERDAD parece bastante importante para los periodistas. Nada más empezar ya puedo leer que “el primer compromiso ético del periodista es el respeto a la verdad.
Lo primero que me pregunto es… ¿Dónde encaja la prensa rosa? ¿Cómo se compatibiliza una profesión basada en la verdad con una profesión basada en la no-verdad (rumores)? Porque son periodistas también ¿no? ¿Estamos hablando de lo mismo? ¿Para que estudiar 5 años de carrera si después te vas a dedicar a hacer preguntas poco profesionales a un coche que pasa por tu lado a toda velocidad?
No tengo más remedio que obviar la prensa rosa y amarilla y tratarla como la oveja negra de la familia periódistica, y proseguir con los profesionales de la información de verdad. Los de las noticias. Éstos deberían mostrar un gran respeto por la verdad en cada noticiario…si, tenemos grandes ejemplos: Canal 9, TeleMadrid y la TVE de Urdaci.
¿Qué pasa aquí? Parece que palabras como independencia y ética profesional no encajan en unos medios de comunicación permeables a las injerencias políticas. Los medios públicos no son el mejor ejemplo a seguir ya que sucumben ante ciertas presiones. No tengo más remedio que excluirlos también ¿Qué me queda? ¿Cuál es el último bastión de la honradez? El sector privado ¿no?
Bien, veamos como manejan la verdad los principales periódicos nacionales.

Portada de ABC 16/11/2011 Los indignados "festejan" su protesta planetaria. Decenas de encapuchados causan en Roma graves disturbios en los que se registran 70 heridos

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Portada de El País 17/11/2010. El movimiento de los indignados renace como fuerza global

¿Se trata de la misma noticia? Porque no lo parece, especialmente si te fijas en la foto de portada. La misma información tiene un tratamiento muy distinto. ¿Es divergencia de opinión? Puede ser, aunque la capciosa foto del ABC parece caer en la tentación de manipular y predisponer. Pero mientras no se falte a la verdad… además en ese punto su santo código los ampara: “En el ejercicio de su actividad profesional no está obligado a ser neutral”.

Lo que también dice su deontología es que deben “informar sólo sobre hechos de los cuales conoce su origen, sin falsificar documentos ni omitir informaciones esenciales, así como no publicar material informativo falso, engañoso o deformado”. Parece de cajón, una cosa es opinar y otra engañar.
¿El retoque fotográfico a qué grupo pertenece?

¿El photoshop sirve para expresar una opinión? Eso deben pensar en la redacción de La Razón en vista de la manipulación poco profesional (seguron que se la encargaron al becario) de una de sus portadas en el tratamiento del 15M (el chapuzillas se olvidó de la cabeza de un señor a la derecha de la bandera republicana. A la derecha de la farola también se ven los resultados de indiscriminados copy-pastes).

Lo siento, pero aquí no tiene sitio la verdad. Y esto no es el culpa del becario, las directrices vienen de arriba, son los primero que se pasan por el forro su código deontológico en según que casos.
Aunque parece de perogrullo, y seguimos con el dichoso código, “el periodista debe asumir el principio de que toda persona es inocente mientras no se demuestre lo contrario”. A estas alturas empieza a no ser sorprendente el giro que puede ofrecer de una misma noticia para el diario deportivo más leído del país.

Portada de Marca 10/12/2010 "Marta también era mentira" después de ser acusada en la operación Galgo

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Portada de Marca 12/11/2011 "¡LIMPIA! Marta Fernández inocente de todo cargo de tráfico y suministros de substancias dopantes"

¿Son casos aislados? Desgraciadamente, esto parece extensible a cualquier medio de comunicación, que barre hacia donde le interesa. La información se cuenta de manera sesgada y con sello de fábrica. Tengo la impresión de que la objetividad da paso a los intereses empresariales. Pero la verdad no sé por qué me escandalizo. Si los medios públicos son permeables a la presión política los privados lo son a los intereses comerciales. Es mejor decirle a la gente lo que quiere oír, que decirle la verdad. Principalmente porque si no le gusta lo que cuentas, igual no te compran el periódico o no escuchan tu programa de radio. Y es lo único que al final importa, la audiencia y la tirada.
Al final el periodismo es un todo vale por la pasta donde no tienen cabida remilgos ni trabas como pueda ser la profesionalidad o la ética laboral. Un sistema donde el buen hacer en el trabajo es menospreciado y donde es preferible pagar a un becario para que haga las labores de un senior sin importar la calidad ni el respeto por el cliente. Una dinámica de trabajo donde lo más importante es recortar gastos, maximizar beneficios y vender, vender, vender…

…Un momento!

…Esto ya lo he dicho!

PD.: Creo que ahora ya lo tengo todo más claro, aunque solo me queda una pregunta sin respuesta… si los periodistas son como nosotros los informáticos… ¿para qué cojones quieren un código deontológico?

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