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Informática forever

30 diciembre 2011

Los números de las crisis dan vértigo. Millones de puestos de trabajo destruidos. Miles de empresas cerradas. Los desahucios ya no son noticia. La lista de morosos crece al mismo ritmo que la prima de riesgo de la deuda española. Las colas en las oficinas del INEM superan a las de los conciertos de Justin Bieber. Los centros comerciales tienen más locales en alquiler que alquilados…Nuestra querida España (urdangarines y bautistas aparte) es un solar arruinado lleno de pobres, parados, mileuristas y submileuristas desangrado por el chorro de la deuda. ZP y su troupe ya ha abandonado el barco, y Rajoy y su camarilla de aduladores rematarán a las verdaderas víctimas de la crisis (los pedestres ciudadanos) recortando lo poco que nos queda.

En este escenario de ruindad ¿Quién se atreve a arriesgar su dinero (los que lo tengan, claro)?

Dicen los grandes gerentes de las más exitosas multinacionales (esos visionarios sin parangón) que los tiempos de crisis son tiempos de oportunidades. ¿Será verdad?

Últimamente paseo mucho por recomendación médica (eh no es lo que os pensáis, no estoy tan mayor! Camino por los beneficios que reporta al embarazo). Me recorro el barrio de arriba a abajo, y me conozco todos los rincones donde mean los perros.

El mío es un barrio de reciente construcción donde antes había un trozo de montaña poblado por garroferes (algarrobos) y convertido en virtud de los planes de urbanismo salvaje de la burbuja inmobiliaria en plantación de fincas de 5 pisos. Las últimas de ellas aún sin vender a pesar de estar terminadas hace más de 2 años, y algunas otras presumiendo de solar donde solo pasean los gatos y medran los matojos, custodiadas por ajados carteles donde promotoras seguramente ya fallecidas anuncian la próxima construcción de unas viviendas fantasma que no llega nunca.

A un barrio nuevo siempre le cuesta arrancar y si alguna vez dio signos de vida la crisis se los quitó de un mazazo, la mayoría de bajos comerciales siguen vírgenes, las oficinas tan diáfanas como el primer día, los carteles de “se vende” o “se alquila” se encuentran roídos y desgastados a punto de despegarse de viviendas abandonadas y de locales donde apenas se distinguen vestigios de negocios pasados como cadáveres empresariales. Incluso algunas oficinas de banco han cerrado…perdón, se han trasladado, los bancos no cierran nunca, y si tienen problemas ya está el BCE para rescatarlos.

Y dicen que los tiempos de crisis son tiempos de oportunidades ¿Qué negocios son esos? ¿Cuales son boyantes? ¿Quien ha sacado tajada de la crisis?

Mis paseos por el barrio pueden esclarecer esta duda y quién sabe, tal vez me hagan replantearme mi futuro en el mundo de la informática y buscar una ocupación más provechosa.

Pero antes de empezar quería destacar primero unas rarezas, unos negocios extravagantes, sacados de la teletienda, abiertos contra toda lógica y contra todo sentido común y que no dejan de admirarme cada vez que paso por delante de su puerta y aún la veo abierta: Como un local dedicado al alquiler de plataformas vibradoras por horas (ya cerrado y no me extraña) y un workship donde venden complementos alimenticios para deportistas (esto es legal? No le auguro una larga vida)

Salvando estas excentricidades, lo que me interesa son los negocios de éxito. Cuando los gurús de la economía global dicen que la crisis es el tiempo de las oportunidades, deben estar pensando en los bares españoles. Negocio irreductible en la España de la tertulia, la cerveza y las aceitunas. Se apiñan unos al lado de los otros, se reparten la clientela y compiten con los traspasos a los chinos y su 24×7 imbatible (cuando entren en la informática ya podemos reciclarnos).

Hay cierto bar-kebab-pizzeria traspaso de un traspaso de otro traspaso (periodo) hasta llegar a manos de unos orientales con un éxito espectacular, siempre lleno con decenas de personas bebiendo tercios de amstel. Seguramente clientela habitual venidas (sospecho) de la listas del INEM, ya que aparentemente son parados de larga duración ahogando sus penas en la siempre comprensiva cerveza. No sé a ciencia cierta cuál será el secreto para sortear la crisis, pero lo cierto es que los bares españoles tradicionales regentados por taberneros nacionales que siguen con su horario español tradicional ignorantes a la amenaza asiática tampoco cierran. El alcohol debe ser como los productos cosméticos, la crisis no los afecta.

Otros clásicos invencibles, son los locutorios, que ahora además de dedicarse al negocio de las telecomunicaciones diversifican su negocio con fotocopias, recarga de cartuchos y venta de golosinas. A pesar de tener supuestamente mermada su cartera de clientes siguen en pie, uno en cada esquina como si la crisis no fuera con ellos.

En la misma línea están las fruterías de bajo coste. Abiertas todos los días del año, no les importa plantar cara a los grandes supermercados, subiendo la persiana con chulería justo enfrente de mercadonas o consums. Comenzaron a aflorar antes de la crisis, pero ésta les ha dado el empujón definitivo, ya que su arma no es otra que el bajo precio.

Y por supuesto, no nos podemos olvidar de los bazares orientales que te venden ropa, complementos y casi cualquier cosa imaginable. De nuevo con una filosofía difícil de batir, precios bajos, y abiertos todo el año. Curiosamente todos estos negocios mentados están regentados por inmigrantes asiáticos.

Y como no soy oriental y no tengo intención de trabajar más horas de las que ya echo en mi oficina, todos estos proyectos están automáticamente descartados.

Además se trata de negocios que se han adaptado a la crisis, y por tanto ya existían antes de que estallara. Hay que caminar un poco más para encontrar los negocios que han surgido de (y gracias a) la crisis.

Un claro ejemplo son los puestos compro oro. En cualquier esquina oscura, en locales cochambrosos y de dimensiones liliputienses, apenas una ventana o un mostrador abre sus puertas e invita a los transeúntes a hacer una transacción con tintes de timo que está arraigando entre las víctimas del paro. Vender las joyas de la abuela, las chapitas de la comunión, o el horroroso collar que te regaló tu novio (hoy marido) en la primera cita (en muchos casos posiblemente sea también el último que te hizo) y que solo te pusiste el primer día para no desagraviarlo, supone un ingreso de algunos euros que pueden aliviar mínimamente la exprimida economía familiar. De paso siniestros personajes que no dan la cara se llevan una sustanciosa comisión que nunca conocerás gracias a la sobrevaloración del precioso metal en tiempos donde las monedas caen en picado. Desconozco que tipo de preparación hay que tener para ser tasador de metales preciosos, o si los que intercambian oro por unos billetes realmente la tienen, pero el negocio debe ir bien, porque cualquier centro comercial tiene una parada, y mi barrio no es la excepción con varios de estos locales.

Otro negocio boyante y hasta cierto punto sorprendente: La recarga de cartuchos de impresora. Esto podía haberlo pensando alguien antes, ya que los cartuchos de marca para impresoras de tinta era un robo a mano armada también con tintes de timo. En poco tiempo si seguías las recomendaciones de los fabricantes de usar sus consumibles para preservar la vida de las impresoras, te gastabas más en la tinta que en la máquina. Posteriormente aparecieron marcas compatibles de bajo precio al rescate, y ahora estos negocios (he contado hasta 3 en la misma avenida en el radio de 800 metros) te ofrecen la posibilidad de recargar la tinta en el mismo cartucho usado a módicos precios de 3€. Nada barato tampoco, pero nada comparado con los 20€ que podían cobrarte por un consumible de marca. Lo raro es que con tan poco margen por venta (máximo 3€) puedan sobrevivir con tan poco volumen de ventas (normalmente tardas unos meses en vaciar un cartucho en un uso domestico estándar). Pero ahí están los 3 locales. Veremos cuanto sobreviven.

Otro negocio que aprovecha las corrientes de la moda pero que no me acaba de convencer. Las tiendas de bicicletas y accesorios. No estoy muy puesto en el mundo de los pedales, pero es innegable que el ciclismo está en auge. No sé hasta dónde llegará, ni si la crisis podrá doblegarlos, pero les deseo suerte y sigo buscando.

¿Y qué más hay?… negocios tradicionales, auténticos supervivientes, que comercian con productos de primera necesidad: panaderías, pescaderías, carnicerías, alguna ferretería, seguramente adaptados a los tiempos, bajando márgenes o congelando precios, luchando contra las grandes superficies.  Negocios sacrificados y seguramente con escasa recompensa más allá de la supervivencia. El resto cayeron como moscas, los pocos que se atreven a abrir no tienen suerte, un estudio fotográfico apenas unos meses abierto ya se traspasa.

¿Qué más queda? Poco más, la crisis se llevó los que eran en otro tiempo pasado paradigmas de negocio rentable como las inmobiliarias (hoy extintas), o hace tambalear otros comercios históricamente sinónimos de solidez, como las farmacias, que a pesar de su clientela inmensa y de estar subvencionadas con dinero público, hoy en día están al borde del abismo (o eso dicen).

Ya no veo tiendas que comercien con productos prescindibles, ropa de marca, tecnología, librerías ni por supuesto productos de lujo…en resumen, por más que he pateado el barrio no he visto nada que pueda vencer a la crisis con cierto margen de seguridad. Fantástico.

Informática forever! O hasta que toque la lotería….

¿Lotería? Esperad!..si…hay un negocio…que siempre tiene cola cada vez que voy a echar la quiniela. Una ventanilla diminuta que ve pasar billetes a la velocidad de la luz durante todo el día, con costes fijos mínimos, que solo necesita un empleado para atenderlo y que además es legal. Y lo mejor de todo, todo el mundo,  pobres y ricos (pero creo que especialmente los primeros, y en los tiempos que corren, pobres hay muchos) esperan pacientemente su turno para ser atendidos. Si eso es… una administración de lotería! Negocio seguro gracias a la afición tan española querer ser rico sin hacer méritos. Y en tiempos de crisis, con más ganas sin cabe.

Lamentablemente creo que abrir uno de estos negocios es más difícil que oír a Cristiano Ronaldo decir que es feo, hay que ganar un concurso de adjudicación convocado por el Organismo Nacional de Loterías y Apuestas del Estado mediante publicación en el BOE (!) y debes disponer de bastante capital de inversión… así que… ahora sí…

Informática forever!

Y Feliz Año!

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  1. 30 diciembre 2011 19:09

    Jajajaja! te has superado para final de año!

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